15.- Documentos Antiguos

img.quarter.18ANTIGUOS DOCUMENTOS DE LA MASONERÍA

LOS ANTIGUOS DEBERES


Los conocidos como "Antiguos Cargos" o "Antiguos Deberes" (Old Charges) están compuestos por el material que ha sobrevivido hasta nuestros días de alrededor de ciento veinte documentos manuscritos, referidos a normas y reglamentos que gobernaban el arte y la ciencia de la construcción gremial, es decir, en la Masonería Operativa, aquellos masones que nos dejaron el las catedrales góticas auténticos libros en piedra. Dichos documentos están datados desde casi trescientos años a seiscientos años atrás. El más antiguo conocido, de los británicos, es el denominado Manuscrito Regius; según los expertos fue redactado hacia el 1390; se trata de un extenso poema, de una rima arcaica denominada "doggerel verse", que actualmente se encuentra en el British Museum. El segundo en antigüedad es el llamado Manuscrito Cooke, también propiedad del British Museum, datado hacia 1425. El tercero en este orden es el Grand Lodge Nº 1 que pertenece a la Biblioteca de la Gran Logia Unida de Inglaterra y está datado en el 1583. Muchos de estos "Antiguos Deberes" fueron escritos durante el siglo XVII y las primeras décadas del siglo XVIII, encontrándose en poder de Grandes Logias o en colecciones privadas.

La mayoría de estos documentos han sido publicados o bien en forma facsimilar o en transcripciones al inglés moderno; es necesario precisar, además, que muy pocos de ellos fueron impresos en el momento de su aparición siendo que la inmensa mayoría se reproducirían, de Logia en Logia, en forma manuscrita. En los últimos ciento veinte años muchos especialistas han volcado su atención sobre esta documentación única e irreemplazable y a partir de minuciosos estudios sobre diferentes estilos de redacción, errores de los copistas, giros idiomáticos locales o de ciertas épocas, etc. han logrado establecer "familias" de manuscritos con características particulares. 

El desaparecido erudito Prof. Douglas Knoop sostenía que, a partir del análisis de estos textos, pueden detectarse algunas trazas de la organización de los constructores (masons) en Inglaterra en el siglo XIV lo cual nos lleva muy cerca de los comienzos estimados de la llamada Masonería "Operativa", es decir, los masones efectivamente dedicados a la construcción. 

Los textos usualmente se encuentran divididos en tres partes: primero, una plegaria o invocación; segundo, la llamada Historia tradicional de la Masonería y del Oficio de la Construcción y finalmente la tercera parte consta de los "Deberes" (Cargos o Encargos) del Masón que debían ser leídos obligatoriamente al recientemente iniciado. 

El siguiente ejemplo de invocación ha sido tomada del Grand Lodge No. 1 del año 1583: (el texto original ha sido trascrito a inglés moderno) 

"The Might of the Father of Heaven and the wisdom of the glorious Son through the grace and goodness of the Holy Ghost that are three persons and one god be with us at our beginning and give us grace so to govern us here or in living that we may come to his bliss that never shall have ending. Amen" 

Como se apreciará, del texto se desprende un carácter claramente religioso, reminiscencia medieval cuando el mundo del trabajo se encontraba organizado en gremios y cofradías imbuidos de espíritu cristiano. 

La parte histórica, usualmente demasiado larga para reproducirla aquí "in extenso", contenía relatos históricos y aún semi-legendarios a veces con grandes lagunas o errores cronológicos. Los siguientes extractos han sido tomados del Beswicke-Royds, escrito, casi seguramente, en la primera mitad del siglo XVII. El manuscrito consiste en cuatro hojas de pergamino de alrededor de seis pulgadas de ancho cosidas de manera de formar, en conjunto, un rollo de seis pies con diez pulgadas de largo. El manuscrito pertenece a la Biblioteca y Museo de la Gran Logia Provincial de Lancashire (Eastern Division). 

Dicha parte histórica, con un relato sobre las Siete Artes y Ciencias liberales como encabezado, pasa luego a relatar hechos de personajes bíblicos y de la antigüedad. Es interesante señalar que las Siete Artes y Ciencias, constituyendo el Trivium y el Quadrivium, es decir, el curriculum normal de las universidades medievales, son objeto de estudio y reflexión en el actual 2º Grado (Compañero) de la Masonería Simbólica actual. El párrafo seleccionado, poniendo el énfasis sobre el rol de la Geometría, dice así: 

"... the ... seven liberal sciences be as it were all one science that is to say Geometry for thus may a man prove that all the sciences in the world be found by Geometry ... there is no man that worketh by any Craft but he worketh by some measure and no man buys or sells but by measure and weight and all is Geometry ..." 

La historia propiamente dicha comienza con los hijos del bíblico Lamech: Jabal, fundador de la Geometría; Jubal, fundador de la Música; Tubal Caín, fundador de la metalurgia y la herrería, mientras que la hija fue la descubridora del tejido. Ellos sabían que Dios tomaría venganza contra el mundo por sus pecados, pero no podían determinar si lo haría bajo la forma de un diluvio o una conflagración por lo tanto construyeron dos grandes Columnas, una de mármol, que no podría ser destruida por el fuego, y otra de "latomus" (ladrillos), que no podría ser destruida por el agua (en el texto, el copista invirtió el orden de los materiales pues el mármol, que no es dañado por el agua, puede ser calcinado por el fuego y el ladrillo primitivo, que es endurecido por el fuego, puede ser disuelto por el agua). Este relato, semi-histórico y/o semi-legendario, fue tomado de la obra Polychronicon que es una historia del mundo, escrita en el siglo XIV por el monje Ranulf Higden de Chester quien, a su vez, la había tomado del historiador judío-romano Flavio Josefo quien, también, la había tomado en préstamo del historiador griego Beroso (300 A.C.) quien, se supone, había utilizado una leyenda sumeria de alrededor del año 1.500 A.C. por lo cual el tema de las dos Columnas posee una respetable antigüedad. 

El relato continúa con el descubrimiento de las Columnas por el sabio Hermes Trismegisto quien transmitió el secreto a la posterioridad, lo cual permitió que el Oficio de la Masonería se constituyera durante la construcción de la Torre de Babel. El primer deber (charge) de los Masones les fue impuesto por el rey de Babilonia a un grupo de sesenta constructores enviados para ayudar a la construcción de la ciudad de Nínive. Luego aparece el episodio de la emigración de Abraham y Sara a Egipto, donde el patriarca enseñó las Siete Ciencias a los egipcios. Prosigue el relato con la figura de Euclides quien habría resuelto un problema de desempleo (!) surgido del tamaño de las familias de la nobleza de la siguiente manera: 

". . . And then the worthy doctor took the Lord's sons and taught them the science of Geometry . . . and all manner of worthy works that belonged to the building of Castles and all manner of Courts, Temples, Churches . . . Euclid charged his pupils to be true to the king and the lord they served and to be true to each other." 

El siguiente episodio es la tentativa de construcción del Templo de Jerusalem por David quien impuso los siguientes Deberes a los Masones y les pagó sus salarios. Luego de la muerte de David, el rey Salomón 

"performed out the Temple his father had begun and he sent after Masons into divers lands and gathered them together so that he had four score thousand workers of stone and they were named Masons and he had three thousand of them wich were ordained masters and governors of that work. And there was a king of another region that men called Hyram and he loved well King Solomon and gave him timber for his works and he had a son that was named Aynon and he was master of Geometry and he was chief master of all the Masons that belonged to the Temple . . ." 

Este personaje, hijo del rey Hyram y llamado "Aynon", es interesante y aparece en los Antiguos Deberes con una ortografía muy variable; llama la atención que no aparece en los relatos bíblicos referidos a la construcción del Templo. 0tro curioso personaje que figura en las diversas versiones de los Antiguos Deberes bajo ortografías diversas es "Naymus Grecus" (named Grecus, es decir, llamado Grecus?) y ha sido asimilado con Pitágoras y con otros filósofos. 

Más adelante, el relato menciona a Carlos Martel (689-741 D.C.) asimilándolo un poco a su nieto Carlomagno, pues existe una tradición francesa del siglo XIII que afirma que Carlos Martel fue un benefactor de los masones canteros (stonemasons). 
Es necesario reconocer que la historia tradicional del Oficio de la Construcción que relatan los Antiguos Deberes, en sus distintas versiones, abundan en errores históricos, asimilaciones falsas y anacronismos. 

Seguidamente el relato pasa a las Islas Británicas y se afirma que "England all this season stood void of any Charge and Masonry until the time of St. Alban" y aquí es menester señalar la unanimidad con que los Antiguos Deberes atribuyen a San Albano un rol principal en el desarrollo del Oficio de la Construcción en la Inglaterra medieval. Luego continúa la narración diciendo que, en tiempos de dicho santo, 

"a worthy knight was chief stewart to the king and have government of the Realm and also of making the town walls and he loved masons well and cherished them and made and made payment right good standing wages as the realm dis require for he gave them every three weeks 3s. 6d. their double wages whereas before that time through all the land a mason took but a penny a day..." 

Algunos eruditos del tema consideran que este importante aumento en los pagos confirmaría la teoría particular que los Antiguos Deberes fueron compilados luego de la Peste Negra, momento en que hubo un aumento generalizado de salarios en toda Inglaterra. 

Luego ocurre un período de inactividad en el relato hasta los tiempos del rey Athelstan y de su hijo Edwin quien amaba a los Masones mucho más que su padre pues dominaba la práctica de la Geometría y se afirma que 

"he got of his father the king a Charter and a Comission to hold every year an Assembly where they would within the realm and to correct within themselves by Statute trespasses if they were done within the craft. And he held himself an Assembly at York and there he made Masons and gave them charges and taught them the manners of masons." 

De esta manera, con variantes de alguna importancia entre versión y versión, culmina la parte histórica y en muchas de ellas, en este punto del manuscrito, aparece una instrucción acerca del modo de tomar un juramento sobre la Biblia al recién iniciado. 
La tercera parte está constituida por los Deberes, propiamente dichos, del Masón, es decir, el meollo de la cuestión; estos Deberes difieren apreciablemente de las Ordenanzas de los Gremios (Guild Ordinances), las cuales son susceptibles de un estudio particular posterior. 

El análisis de los Deberes enumerados en el "Cooke" (1425) muestra que fueron tomados de un original más antiguo que los que figuran en el "Regius" (1390) y los expertos coinciden en señalar una compilación -acompañada, tal vez, por una cierta depuración- hacia la mitad del siglo XIV. 

Además, añadimos a la recopilación que ofrecemos al lector la traducción de una serie de documentos que si bien no suelen incluirse por la Masonería anglosajona entre los considerados estrictamente Old Charges, sin duda junto con aquellos forman parte, muchos de ellos, de los que sirvieron como fuentes para redactar las llamadas Constituciones de Anderson, acta fundacional de la Masonería Especulativa o Moderna. 

El lector cometerá un error si se queda en los aspectos exotéricos de la lectura y su aparente significado...

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgConstitución de York, 926 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgCarta de Bolonia, 1248 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito Regius, 1390 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito Cooke, 1410 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgEstatutos de Ratisbona, 1459, e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito Grand Lodge nº 1, 1583 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgEstatutos Schaw, 1598 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito Iñigo Jones, 1607 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito de Edimburgo, 1696 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito Dumfries Nº 4, 1710 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito Kewan, 1714-1720 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgLa Institución de Los Franc-Masones, 1725 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito Graham, 1726 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgLa Masonería Según las Escrituras, 1737 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgDiálogo Entre Simón Y Felipe, 1740 e.·. v.·.

 

http://www.cibeles.org/goldsc1.jpgManuscrito Essex, 1750 e.·. v.·.

 

Empezaremos por decir que la Masonería es una Orden Iniciática, Esotérica, Elitista y Caballeresca, lo que la confiere características propias que la distinguen de otras instituciones.

Pretende la evolución ética, moral y espiritual de sus miembros. Proclama al Gran Arquitecto del Universo como Principio Generador y como Símbolo Superior de su aspiración y construcción ética.

No prohíbe ni impone a sus miembros ninguna convicción o práctica religiosa.

El Grande Oriente Español, en su Constitución del año 1.934, declaraba:

La Francmasonería es un movimiento del espíritu, dentro del cual tienen cabida todas las tendencias y convicciones favorables al mejoramiento moral y material del género humano.

La Francmasonería no se hace órgano de ninguna tendencia política o social determinada. Su misión es la de estudiar desinteresadamente todos los problemas que conciernen a la vida de la humanidad para hacer su vida más fraternal.

La Francmasonería declara reconocer, por base de su trabajo, un principio superior e ideal, el cual es generalmente conocido por la denominación de Gran Arquitecto del Universo. No recomienda ni combate ninguna convicción religiosa, y añade que ni puede, ni debe, ni quiere poner límites, con afirmaciones dogmáticas sobre la Causa Suprema a las posibilidades de libre investigación de la verdad.

La Gran Logia de España, en el Preámbulo de su Constitución, vigente desde 1.999, dice:

La Francmasonería tiene su fundamento esencial en la fe en un Poder Supremo expresado bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo; sus principios se resumen en estas dos máximas: conócete y ama a tu prójimo como a ti mismo.

La Francmasonería es una asociación libre de hombres independientes, los cuales solo dependen de su conciencia y se dedican a poner en práctica un ideal de paz, amor y fraternidad.

Tiene como objetivo el perfeccionamiento moral de la humanidad y como medio de propagación de una  verdadera filantropía, con el empleo de costumbres y formas simbólicas.

Impone a todos sus miembros el respeto a las opiniones ajenas y les prohíbe toda discusión política o religiosa, a fin de constituir un centro permanente de unión fraternal. Los francmasones se reúnen en Logias con el fin de trabajar allí ritualmente, con celo y asiduidad, y solo admiten a hombres mayores de edad, creyentes, de buenas costumbres, gentes de honor, leales y dignos en todos los aspectos.

En las Logias se aprende a amar a la Patria, someterse a sus justas Leyes y respetar las Autoridades legítimamente constituidas; a considerar el trabajo como un deber esencial en el ser humano y en consecuencia, a honrarlo en todas sus formas.

Pero, más allá de conceptos que algunos podrían considerar poco concretos, la Masonería se constituye en una Orden que tiene como fin formar a sus miembros en el conocimiento y respeto de valores superiores basados en la verdad. Verdad que no se impone ni propone, sino a la que cada masón llega por el análisis y el conocimiento. La Masonería se constituye en una Orden que pretende la evolución ética, espiritual y moral de sus miembros y, a través de ellos y de su ejemplo individual y personal, la evolución ética, espiritual y moral de la humanidad.

La iniciación, única puerta de entrada a la Masonería, pretende abrir un proceso de cambios por los que el masón, dejando atrás cuanto le separa de su propio espíritu, adquiere conocimiento de su Ser interno y de su trascendencia; lo que le llevará a la búsqueda de la verdad. Mas la Masonería no impone ningún tipo de dogma o creencia. Propone, mediante símbolos y alegorías, más por la práctica de los Rituales, principios que deben ser analizados por el masón y, de su individual y personal análisis y comprensión, cada masón sacar las propias conclusiones. No quiere la Masonería aleccionar a sus adeptos, sino que cada masón llegue a la meta que para si mismo se fije, él, no otro. Quiere la Masonería que cada masón llegue a su verdad... a su propia e individual comprensión y conocimiento de la verdad. De ahí el sobrenombre de Librepensadores por el que son conocidos los masones.

Es la Masonería, pues, una Orden Iniciática. Por la iniciación y siguiendo el camino que solo ella abre a través de los diferentes grados en los que la Masonería escalona sus propuestas, es como el masón, rompiendo las cadenas que atan al hombre a lo animal, a lo puramente material, llega al conocimiento de su propio Ser interno y de su trascendencia. Es así como la Masonería, haciendo hombres mejores de hombres que ya eran buenos, libres y justos antes de ser iniciados, propicia que mediante el ejemplo de cada masón en su entorno familiar, social, laboral, etcétera, toda la humanidad en pleno evolucione positivamente.

La Masonería es esotérica en los términos precisos que define el Diccionario de la Lengua Española, editado por la Real Academia Española.

Es esotérica porque a su conocimiento solo se llega por la iniciación, quedando oculto, reservado, para los no iniciados.

Es esotérica porque su conocimiento es de difícil acceso, no se da, no se imparten clases, el conocimiento que lleva a la verdad se adquiere mediante el estudio y la reflexión.

Es esotérica porque al igual que los filósofos de la antigüedad no comunicaban sus doctrinas sino a un corto número de sus discípulos, la Masonería mantiene velados sus conocimientos y los principios que propone por símbolos y alegorías y, a las claves de los unos y de las otras, solo se llega por la iniciación y la práctica de los rituales mediante los que se desarrolla el trabajo en las Logias.

Es esotérica porque sus principios y conocimientos solo se transmiten oralmente a los iniciados.

Pero, por ser una Orden iniciática y esotérica, la Masonería rechaza y condena el mal llamado ocultismo y todo el fraude a ingenuos, todo el fraudulento montaje económico de las supuestas mancias adivinatorias. La Masonería rechaza y condena a las sectas, iglesias y creencias que privan a sus miembros del libre albedrío, de la libertad de análisis y decisión. Y, si la Masonería no apoya a ninguna religión concreta, menos aun puede apoyar a los llamados cultos satánicos, al satanismo, el cual condena radicalmente.

La Masonería es una Orden Elitista, por que en sus filas militan las elites intelectuales del mundo entero, los hombres más avanzados espiritual y moralmente, aquellos que creen firmemente que el paso del hombre sobre la tierra transciende al simple hecho material y temporal; en suma, de la parte que el hombre tiene de animal, para sublimarse en lo que tiene de espiritual.  Sin olvidar que elites son todos aquellos, sea cual fuere su posición social o económica, que dejando atrás las pequeñas miserias humanas y los comprensibles egoísmos individualistas, dedican un poco de su tiempo a su desarrollo intelectual, espiritual y moral, poniendo su persona al servicio de la humanidad.

La Masonería es una Orden Caballeresca, no en los aspectos que se desprenden de una lectura exotérica y simplista de las viejas novelas de caballería y mucho menos aun en el sentido clasista. Lo es tomando el simbolismo profundo, esotérico, de los ideales de Camelot, Arturo y la Tabla Redonda; la búsqueda del Santo Grial, cuyo bellísimo simbolismo esotérico puede ser el norte del buscador de la Luz. Lo es porque ideal de vida caballeresco es la entrega desinteresada a las causas nobles, al servicio a la humanidad.

Así, la Masonería, por su espíritu caballeresco pudo ser inspiradora de la Revolución Francesa, en cuanto fin del Viejo Régimen, pues no puede menos que condenar el terror que desencadenó. Como antes lo fue de la Americana, en la que los 56 revolucionarios, padres de la patria, mayoritariamente masones; entre ellos George Washington, de la Gran Logia de Virginia; Benjamín Franklin, de la Gran Logia de Pennsylvania; Thomas Jefferson, de la Gran Logia de Virginia; John Adams, de la Gran Logia de Massachussets; John Quincy Adams, de la Gran Logia de Virginia, luego 6º Presidente; William Whipple, de la Gran Logia de New Hampshire; Benjamín Harrison, de la Gran Logia de Virginia; John Penn, de la Gran Logia de Carolina del Norte; Abraham Clark, de la Gran Logia de Nueva Jersey...  etcétera, proclamaron en 1776 la libertad de las 13 colonias, con una Declaración de Independencia de la que, por ser Masonería pura, sería difícil destacar un párrafo concreto, pero de la que recordaremos, entre otros muchos párrafos de igual mérito y contenido masónico:

 "Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales, que están dotados por un Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se cuentan el derecho a la vida, a la libertad y al alcance de la felicidad; que, para asegurar estos derechos, los hombres instituyen gobiernos, derivando sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma de gobierno llega a ser destructora de estos fines, es un derecho del pueblo cambiarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno, basado en esos principios y organizando su autoridad en la forma que el pueblo estime como la más conveniente para obtener su seguridad y su felicidad."

La Masonería mantiene y perpetúa entre sus miembros el espíritu caballeresco que informó la obra de los enciclopedistas y más tarde la de los ilustrados del siglo XIX, casi todos ellos masones. El de filósofos y pensadores, miembros de la Masonería, como Montesquieu, Voltaire y Rousseau. El de artífices de la emancipación de Hispanoamérica, como, por ejemplo y entre otros muchos, los masones San Martín, Bolívar y Martí. El de los también miembros de la Orden, Cavur, Garibaldi y Mazzini, héroes de la independencia y unidad italiana. El de músicos masones como el austriaco Mozart y el español Tomas Bretón. Poetas como Goethe o Moratin. Escritores como el inglés Kipling, el francés Stendhal y el español Blasco Ibáñez. Científicos como los doctores Santiago Ramón y Cajal y Alexander Fleming. Cirujanos como el Dr. Cristian Barnard, artífice en 1967 del primer trasplante de corazón a un ser humano. Descubridores e inventores como los españoles Isaac Peral y Juan de la Cierva o el francés Luis Lumiere. Políticos y estadistas como Práxedes Mateo Sagasta, Salvador Allende, Winston Churchil,  Benjamín Franklin. Hombres ilustres como Baden Powel, fundador de movimiento escultista o el antiesclavista Schoelcher. Actores como el británico Peter Sellers. O los promotores de la Sociedad de Naciones, que soñaban acabar con las guerras. El mismo espíritu caballeresco de entrega desinteresada a las nobles causas que guió a los inspiradores de la Unión Europea, con Monet a la cabeza. O a los padres del Consejo de Europa, masones la gran mayoría de ellos. Finalmente, ya como anécdota, con el mismo espíritu de Neil Amstrong, masón y primer hombre que pisó la Luna, sobre cuya superficie depositó una escuadra y un compás en recuerdo de su gesta.

En definitiva, el espíritu de los cientos de miles, millones de hombres que, desde sus ideales caballerescos y masónicos, mantienen a sus expensas y en silencio, sin subvenciones de ningún Estado, hospitales, asilos, universidades y escuelas.

Si debiéramos resaltar algo del espíritu de la Masonería, muy probablemente nos inclinaríamos por la autentica y profunda fraternidad que une a todos los masones del mundo entero, muy especialmente, claro está, a los miembros de una misma Gran Logia y, mucho más aun, a los de una misma Logia. Pero aun siendo muy importante no es ese el fin primordial de la Masonería, pues para ese tipo de fines ya están muchas y prestigiosas instituciones profanas.

Mucho más allá de ese principio de fraternidad universal, de indudable importancia y valor humanístico, e incluso iniciático, principio de auténtica fraternidad que llevaría a tener la filantropía como uno de los medios de los que podría valerse para alcanzar los propósitos que la animan, la Masonería tiene fines que mantiene muy presentes, siendo la síntesis de todos ellos cambiar el mundo. Esa es la meta final que se propone alcanzar, ese es el fin que constituye el auténtico Ser y existir de la propia Masonería. Dicho así, sin circunloquios ni palabrería vana, que oculten la realidad.

Pero ese fin no tiene connotaciones que lo liguen a lo profano, a lo prosaico, a intereses materiales, a bajas pasiones y aspiraciones que, si pudiesen ser admisibles en el mundo profano, en ninguna forma pueden llegar a serlo, ni como medio, ni como fin, para la Masonería. Porque cuando un masón afirma que la Masonería pretende cambiar el mundo, se está refiriendo a que la Masonería trabaja para hacer evolucionar ética, espiritual y moralmente a la humanidad, a partir de los principios que constituyen su Ser y de los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad que defiende.

En los proclamados fines más en los métodos para alcanzarlos, es en lo que la Masonería se diferencia de otras meritísimas instituciones que también tienen como objetivo el desarrollo de la humanidad. El peculiar sistema de trabajo personal e individual que la caracteriza, muy alejado de la acción institucional sobre la sociedad, la marca e individualiza.

No siendo, como no lo son, fines de la Masonería participar en forma alguna en política, ni en negocios, ni en ninguna otra actividad profana, La Orden Masónica centra sus esfuerzos en llevar a los masones a las condiciones espirituales, éticas y morales que les permitan trabajar en pos de alcanzar los fines que sí le son propios a nuestra Orden. Para ello la Masonería pone a disposición de sus miembros todos los medios necesarios «de orden iniciático, esotérico y simbólico» para que –individualmente y por el trabajo personal que cada uno sea capaz de realizar en sí mismo, más en la intimidad de las Logias auxiliándose siempre los unos a los otros– puedan avanzar a través del sistema reglado y graduado que caracteriza a la Masonería, teniendo como meta final cambiar el mundo.

Una vez logrados estos significativos avances por el camino iniciático, será cada masón el que con su ejemplo personal e individual influirá en los entornos familiar, profesional y social al que pertenezca; trasmitiendo así a la sociedad profana –mediante el ejemplo de una vida ordenada, respetuosa con las leyes y con los derechos de los demás y entregada a ideales legítimos y nobles– las enseñanzas recibidas a través de los principios proclamados por la Masonería.

Mas, el profundo arcano de la Masonería no se revela efectivamente, si no a los que llegan a ser auténticos masones, a aquellos que siguen con perseverancia el camino iniciático y se entregan a la Masonería sin ningún tipo de reservas, y sin más ambiciones humanas que las legítimas de lograr convertirse en auténticos iniciados; es decir, en obreros iluminados al servicio de la Inteligencia Constructora del Universo, la cual debe de manifestarse en el masón como una verdadera Luz que alumbra, desde un punto de vista superior, todos sus pensamientos, palabras y acciones.

En alguna forma masón –lato sensu– se nace. Porque ser masón significa participar de una condición espiritual especial, inconfundible e intransmisible, que aflora tras la iniciación y la identificación del iniciado con su propio ser interno y, a través de él con el Trazado realizado para la Humanidad por el Gran Arquitecto del Universo.

La Masonería, como Institución ético jurídica, Alta Cátedra Moral desde la que emanan los grandes principios y formulaciones al servicio de la Humanidad, confiere las características visibles de masón a aquellos que ya eran, potencialmente, portadores del Espíritu Iniciático; proporcionándoles los medios necesarios para cultivar su intelecto y su espíritu, mediante el estudio de determinados símbolos y la practica consciente de los Rituales. Unos y otros encierran un profundo significado esotérico, que es la llave que abre las puertas del conocimiento y la clave para que cada masón logre profundizar en lo más profundo de su corazón.

Dicho esto, únicamente queda proclamar que solamente se es masón “stricto sensu” si se profesan los principios iniciáticos, se cultiva el esoterismo y, en lo que corresponda, el conocimiento exotérico; si se tiene firmemente asentado el sentido de la responsabilidad individual, como confirmación del Espíritu Caballeresco con el que el masón debe de desempeñar su misión en el mundo profano.

La Masonería Regular profesa inderogablemente el espiritualismo y rechaza el materialismo y el racionalismo ateo; por ello, la Luz de la Razón que informa el Ideal Masónico, se legitima al emanar del Conocimiento Iniciático. Así, repetimos, la Masonería es una Orden iniciática, esotérica y caballeresca y, por lo tanto, elitista.

Es por ello que a la hora de admitir nuevos miembros, la Masonería está muy atenta a que no se infiltren aquellos que, por su poca formación espiritual, moral, cultural o humanista, puedan significar un freno en el desarrollo individual o colectivo. También está obligada a tener en cuenta la situación social y económica de los posibles candidatos; los cuales, además de, y esto es condición sine qua non, disponer de medios para mantener dignamente a su familia, han de disponer también de unos pequeños medios materiales para contribuir al sostenimiento y crecimiento de la Orden y, aun les ha de sobrar alguna cantidad para obras filantrópicas, de acuerdo con los viejos principios. Sin que lo dicho signifique, en absoluto, que en los criterios de selección intervengan conceptos mercantilistas, tan alejados del pensamiento y actitud masónicas.

Pero no podemos dejar de tener presente a la hora de admitir nuevos miembros, que la primera obligación del Hombre es para sí y para con su familia, y que solo una vez que ha cubierto dignamente sus propias necesidades y las de los suyos, podría, legítimamente, pensar en entregarse a otras causas.

Por lo demás, las contribuciones que en forma de cuotas periódicas cada masón satisface a través de su Logia, por su importe no van más allá de una pequeña cantidad mensual fácilmente asumible por cualquier persona que disponga de un puesto de trabajo, en el que perciba un salario de tipo medio y, en todo caso, de cuantía nunca superior a la que se gasta habitualmente en tomar unas cervezas con los amigos.

En todo caso, no debemos olvidar que garantizados los mínimos admisibles, y sentado que es obligación de todos los masones atender al sostenimiento de la Orden, a la Masonería no le interesa el dinero ni la posición que puedan tener sus miembros o aspirantes a serlo. Solo le interesan las cualidades humanas y la voluntad de crecer espiritual, ética y moralmente a través del camino iniciático.  

Si tras lo dicho cualquier posible lector de estas líneas desea saber algo más sobre la Masonería, no dude en escribirnos, con mucho gusto le atenderemos.