4.- Los Landmarks, otra visión.

img.quarter.7 Los Landmarks, otra visión

La que sigue es otra visón de los Landmarks, su verdad, su origen y su aceptación.  Nos la proporciona, en una bien estudiada y documentada Plancha, el Q.·. H.·. Montero, Maestro Masón de la Gran Logia de España, quien temporalmente se encuentra en sueños.

La R.·. L.·. S.·. Cibeles nº 131 no asume ni rechaza sus argumentos, mas los acoge fraternalmente y recomienda su estudio. Los masones somos librepensadores por naturaleza y no estamos sujetos a dogmas de origen divino... proclamados y defendidos por hombres que se dicen representantes de Dios en la tierra y hablar en su nombre; sino a la razón, a la duda sistemática, o lo que es lo mismo, a la investigación en búsqueda del conocimiento y la verdad ¡De la luz!.

 

Landmarks ¿Regulares? ¿Antiguos? ¿Aceptados

 V.·. M.·., QQ.·.  HH.·.:

 Ésta es una plancha sobre un tema difícil porque los Landmarks son nuestro pretexto preferido para discrepar. En ella, solo quiero repasar las definiciones del concepto, hacer una breve historia del concepto, exponer las tesis regulares sobre las diversas listas y comentaros mis conclusiones.

 

¿QUE SON LOS LANDMARKS?

 En tiempos remotos, mucho antes de que los catastros o los notarios existiesen, se usaban piedras como mojones para delimitar las fincas rústicas, y estaba severamente penado por las leyes de todos los pueblos cualquier intento de cambiarlos. Este es el concepto operativo de los Landmarks, que se podrían definir como “mojones que sirven para delimitar un terreno”.  

En masonería, los Landmarks tienen un significado más amplio pero menos claro: La Enciclopedia Masónica Coil ha reunido cuarenta y una definiciones regulares de las que doce ponen el énfasis en su antigüedad, nueve en la universalidad y trece en la inalterabilidad. Once consideran que son principios establecidos por costumbres, dos los declaran leyes escritas, tres leyes no escritas, cuatro opinan que son los secretos y las ceremonias de los masones operativos, dos sugieren que son indefinibles y cinco aseguran que los Landmarks no existen.  Aunque parezca mentira, los Landmarks tienen un poco de todo esto. Pero lo más impactante es que en lo que parece que todos estamos de acuerdo en el rechazo a cambiarlos.

Quizás la definición más admitida sea la de Mackey , para él son: “Aquellas antiguas y universales costumbres de la orden que, gradualmente se fueron aceptando, o fueron impuestas de una vez por una autoridad competente, y esto fue en un tiempo tan remoto que no queda ni registro de cuando fue. Por ello, los Landmarks tienen la mayor autoridad que la memoria o que la historia puedan ofrecer, por lo que son universales, inalterables e irrepetibles

Es una definición bella pero ¿Es la definición la más aceptada? ¿Son las listas de Landmarks tan antiguas?  ¿Cuántos Landmarks cumplen estas condiciones?

Para contestar a estas preguntas disponemos de muchas listas de Landmarks. Estas, incluyen los conceptos que para el autor son esenciales en masonería como son: los secretos esenciales, las prerrogativas del Gran Maestro, el gobierno y funcionamiento de la logia, los derechos y los deberes de los masones, las condiciones para poder ser iniciado, los que definen el carácter deísta de la orden, el Landmark de la inalterabilidad (muy popular) y algunos específicos de cada lista.

De lo que no hay duda es de que el concepto y las listas han evolucionado a través de la historia:

 

BREVE HISTORIA DEL LANDMARKS

Según la Enciclopedia Masónica de Coil y el libro Jurisprudencia Masónica de Roscoe Pound:

En la época operativa (antes de la creación de la Gran Logia de Inglaterra en 1723)  no hay ninguna mención al  término “Landmark” en masonería, aparte de su significado operativo. En Inglaterra, las Logias se gobernaban por las Constituciones Góticas en las que ni la palabra ni el concepto está presente.

La palabra “Landmark” aparece por primera vez en masonería en 1720 (publicada en 1723) en los reglamentos compilados por George Payne, que en su artículo 39 dice: “Cada Gran Logia tiene autoridad para modificar este Reglamento o redactar otro en beneficio de la Fraternidad, siempre que se mantengan invariados los antiguos Landmarks", pero dejó el concepto sin precisar. Sobre lo que pudo decir Payne hay tres teorías (según Pound):

 Pudo usar esta palabra como antiguas, universales e inalterables costumbres, definición de MacKey

 O se refería solo a los ritos y a los secretos de los masones operativos, como interpreta Hextall.

 O bien, Anderson encontró el término en alguno de manuscritos antiguos que utilizó Payne para redactar sus reglamentos, donde la palabra se usó con sentido operativo, y la incluyó sin preocuparse demasiado en su significado. Esta es la teoría más aceptada por los estudiosos, incluyendo a Pound.

 
En el resto del siglo XVIII el término se usa poco y no se llega a concretar. Parece no interesar demasiado.

 Los reglamentos corregidos de 1738 mantienen la frase “... invariables los antiguos Landmarks"

 Hasta 1775, no aparece de nuevo la palabra: Preston, en su libro Ilustraciones de Masonería la usa como sinónimo de usos y costumbres de la orden, refiriéndose a la no-conveniencia de modificar rituales. Pero no llega ni a listarlos ni a definirlos.

 

La primera mitad del siglo XIX  se caracteriza en América por una gran cantidad de escritos masónicos que hablan de unos Landmarks misteriosos de trasmisión oral, pero este movimiento no tiene reflejo en Inglaterra:

 En 1813, aparece otra mención en el Manual Masónico de Ashe. Pero solo copia a Preston.

 También en 1813 en el acta de la Gran Asamblea para la Unión de las dos grandes logias de Inglaterra se menciona que, tras la unión, “debe haber unidad de obligaciones, disciplina, trabajo en logia y vestimenta de acuerdo con los Landmarks y tradiciones de la orden”. Sin duda se refiere a usos y costumbres.

 En 1819 el Duque de Suffolk, Gran Maestro de Inglaterra, también establece claramente que los Landmarks se refieren solo a usos y costumbres (mencionando de nuevo la no-conveniencia de cambiar un ritual autorizado)

 

Pero en América:

 El Dr. Oliver habló ya en 1821 de unos supuestos Landmarks misteriosos y secretos de transmisión oral.

 En 1850, Oliver elaboró una lista de 41 Landmarks (en 12 categorías distintas) incluyendo 10 que él declaró obsoletos. Todavía los Landmarks no eran inalterables.

 Como resultado de estas ideas, ya en pleno romanticismo, los masones americanos se convencieron de la necesidad de embarcarse en lo que Pound denomina “La Búsqueda de los Landmarks Masónicos Perdidos”.

 

La segunda mitad del siglo XIX  se caracteriza por la gran proliferación de listas y la inclusión de algunas de ellas en las constituciones de algunas Grandes Logias americanas. Las diferencias de listas entre Grandes Logias aumentan y aparece el concepto de irregularidad por la crisis con el Gran Oriente francés.

 En  Enero de 1856, la Gran Logia de Minnesota aporta una nueva constitución que incluía una lista con 26, esta es la primera lista que aporta el Landmark de inalterabilidad aunque solo se refiere a los ritos y a las ceremonias pero no a los Landmarks. No se conoce al autor, ni sus intenciones, ni sus fuentes.

 En Junio de 1856, Rob Morris de Kentucky publica una lista más pequeña, con solo 17, en el que incluye la inalterabilidad en toda su extensión pero refiriéndose a los Landmarks en general (no a su lista en concreto)

 Parece que Mackey se inspiró en estas dos listas (aunque no está probado), para elaborar su lista de 25 Landmarks publicada en 1858. Su inalterabilidad se refiere a su lista, de la que dice que no se puede cambiar lo más mínimo, y al no dejar sitio para el debate, solo tiene seguidores o detractores.

 En 1872 la Gran Logia de Nevada aprobó otra lista de 39 Landmarks distintos de los de Mackey.

 En 1877, se produce el cisma del Gran Oriente de Francia. Derogan los Landmarks que obligaban a que la logia estuviese presidida por el volumen de la ley, la necesidad de creer en el G.A.D.U. y la persistencia del alma. Ello provocó el  cese del reconocimiento del Gran Oriente francés por la mayoría de las Grandes logias del momento. Comienza la irregularidad masónica.

 En 1878, Woodford y Lockwood, aceptan la definición de Mackey, pero no su lista. Lockwood reduce la lista a solo 19 Landmarks (y con distinta redacción)

 Entre 1889 y 1893 Grant también de Kentucky publica otra lista diferente con 54 Landmarks.

 En 1889, La Gran logia de Louisiana aprueba su lista con 24 Landmarks, en la que incluyen uno de esos Landmarks obsoletos (el número 24), que todavía sigue vigente (os recomiendo que lo leáis)

 

En el siglo XX empieza la racionalización y el intento de llegar a un mínimo acuerdo universal sobre los criterios de reconocimiento entre Grandes Logias. Si el Gran Oriente de Francia es irregular, ¿qué criterios deben seguirse con respecto a los otros Landmarks no comunes? Las respuestas no tardan en llegar y surgen nuevas listas de Landmarks cada vez más pequeñas y criterios de reconocimiento con cierta universalidad.

 En 1908,  John Lawrence mostró su desacuerdo con todas las listas, en su libro Jurisprudencia Masónica y Simbolismo. Según él, ninguna lista cumplía las condiciones de Mackey para ser  considerados Landmarks.

 En 1928, la Gran Logia de Virginia Occidental adopta una lista de solo 8 Landmarks.

 En 1929, la Gran Logia Nacional de Inglaterra redacta unos principios, para poder reconocer a una Gran Logia regular, con ocho puntos, que son los mismos que están recogidos en la Constitución de la GLE.

 En 1952, Roscoe Pound, Gran Maestro masón, decano de Derecho en la Universidad de Harvard, en su libro Jurisprudencia Masónica, propuso una lista con solo siete. Que son el primer intento serio de llegar al mínimo común múltiplo de las listas de Landmarks.

 En 1953 La Gran Logia de Vermont revoca la lista de Mackey y aprueba la lista de Pound.

 En 1967 La logia Quator Coronati publica el libro de Harry Carr Recopilación de Escritos Prestonianos 1925-1960  que reduce la lista a solo 5 (estando recogidos los 4 primeros en los OLD CHARGES).

 En 1970 la Gran Logia de Michigan reconoce una lista con solo 3, los Landmarks que son los que imprimen el carácter deísta de la orden:

 Un masón debe creer en el Gran Arquitecto del Universo, el volumen de la ley sagrada es esencial y parte indispensable de la logia y, por último, se debe creer en la inmortalidad del alma.

 

Pero, ¿cuales de los más de doscientos Landmarks distintos incluidos en listas regulares son esenciales?¿Cuál de todas las listas cumple con los requisitos de Mackey? Esto es: antiguos, universales e inalterables.

Dentro de la masonería regular caben muchas respuestas y hay al menos tres escuelas (según Roscoe Pound 1955): 

La filosófico-religiosa, la legalista y la historicista-escéptica:

 

TESIS SOBRE LOS LANDMARKS

 La tesis Filosófico-Religiosa

La Masonería operativa inglesa era una hermandad católica, constructora de edificios sagrados y de esencia religiosa. Su carácter sagrado se ha conservado en la especulativa desde su organización por Anderson. Albert Pike sostenía que “la masonería no es una religión. Pero enseña y conserva en toda su pureza los dogmas cardinales de la primitiva fe, que subyacen fundamentalmente en todas las religiones”. El Hermano Newton propuso una definición de los Landmarks como los portadores de: "El patronazgo de Dios, la hermandad entre los hombres, la ley sagrada y la esperanza en la vida eterna”.

Si nuestros Landmarks fuesen verdad revelada o dogmas cardinales, la masonería (según el muy R.·. H.·. Touvia Goldstein) tendría un cuerpo doctrinal equiparable al de algunas religiones porque: “Cree y venera a Dios (G.A.D.U.) y éste es el primer Landmark aceptado en todas las listas. Tiene ritos, rituales, catecismos y otras manifestaciones similares a la Religión. La concepción social en la orden es jerárquica. Tiene un lenguaje propio y críptico para el profano. Tiene templos para ejercer su veneración y ceremonias” Por último y fundamental, tendría unos dogmas revelados en los que sostendría su doctrina.

Muchos hermanos viven las tenidas como actos religiosos y tienen a Hiram en su santoral particular. Para los hermanos que defienden esta tesis, los Landmarks son algo más que universales, inalterables, irrepetibles y de antigüedad inmemorial. Son verdades reveladas por el GADU al hombre desde tiempos remotos y transmitidos de maestro a maestro a través de muchas generaciones. Para ellos, los Landmarks son un medio de transmisión de los valores éticos, filosóficos y religiosos de nuestros mayores. De cada lista se pueden extraer enseñanzas. La precisión del mensaje no es importante porque se transmiten misterios y estos, por su naturaleza, no son claros. Aunque algunos filosóficos aceptan la lista de Mackey, la lista verdadera de dogmas válidos les crea un problema.

Para ellos, la masonería, si no es una institución religiosa está muy cerca, ya que colabora con las religiones en el progreso moral de la humanidad, siendo esta la base trascendente de la institución. Los filosóficos conciben la Masonería como una práctica "ampliada" de su religión, algo así como un culto complementario.

Entonces, ¿cuales son las diferencias entre Landmarks y Dogmas? Pues según el R.·.H.·.Touvia Goldstein  aunque un  dogma crea también un límite y ambos son leyes inalterables, el dogma es una ley de origen divino y el landmark es de origen humano. Es precisamente este origen la diferencia entre ellos. Los Landmarks son auto-impuestos aunque inamovibles y los dogmas son revelados por Dios, por lo que son inamovibles por ley divina.

La tesis Legalista

Para los legalistas, la irregularidad no tiene que ver directamente con los Landmarks, sino con el cumplimiento de la las normas, esto es de las constituciones y los reglamentos de tu  Gran Logia.  Consideran a los Landmarks solo como la base del derecho masónico por lo que el origen y la antigüedad son menos importantes que su aceptación. Roscoe Pound, el padre de la tesis, escribió: "tanto si usamos el término Landmarks como si no, coincide con la idea que se nos ha hecho familiar bajo ese nombre”. Pero se refería solo a los 7 de su lista. Esta tesis tiene la dificultad de encontrar una lista con universalidad. Porque los Landmarks regulares, universales e inalterables son:

 

3, para Alexander Bacon, Chetwode Crawley, para la Gran Logia de Michigan y para Albert Pike.

 5, para Carr.

 6, para la Gran Logia de Nueva York.

 7, para Roscoe Pound, para la Gran Logia de Virginia y para el cubano Carlos Betancourt.

 8, para la Gran Logia de Nueva Hampshire y la de Virginia Occidental.

 9, para Findel.

 10, para la Gran Logia de Nueva Jersey.

 12, para Mac Bride y para la Gran Logia Regular de Portugal.

 15, para John Simons, para la Grand Logia de Tennessee y la Connecticut.

 17, para Rob Morris y la lista antigua de la Gran Logia de Kentucky.

 19, para Luke Lockwood.

 20, para a Gran Logia Occidental de Colombia, con sede en Cali.

 24, para la Gran Logia de Louisiana.

 25, para Mackey y Chalmers Paton y también para la Gran Logia de Massachussets.

 26, para la Grand Logia de Minnesota.

 29, para Henrique Lecerff.

 31, para el Dr. Oliver (mas sus 10 obsoletos).

 39, para la Gran Logia de Nevada.

 54, para H. G. Grant que es la lista actual de la Gran Logia de Kentucky.

 

Y seguro que falta alguna. Aunque la lista más aceptada es la de Mackey esto no es mucho decir; ya que de las 51 grandes logias americanas solo 5 la reconocen, 3 consideran los Old Charges como Landmarks, 9 tiene adoptada una lista propia (todas diferentes), 19 no se pronuncian sobre los Landmarks e incluso la Gran Logia de Virginia la rechaza expresamente en sus constituciones. Pero la lista de Mackey es la única aceptada universalmente por todas las Grandes Logias Prince Hall, lástima que la G.·. L.·. E.·. no les reconozca.

El mismo Pound dice que es una temeridad usar como ley algo tan difuso. Pero llega a considerar su lista de Landmarks, como principios inspiradores constitucionales (según el derecho anglosajón) del derecho masónico.


La tesis historicista-escéptica

Según esta tesis, la historia demuestra que palabra Landmark no se usó en masonería antes del siglo XVIII, que la definición de Mackey es reciente y no universal, que ninguna de las listas es aceptada por la mayoría de las grandes logias, que ninguna lista de ellos pasaría las pruebas (definidas por MacKey) para ser considerados Landmarks y que las listas de Landmarks no son inmutables sino que mutan mucho.

En resumen, que no hay ninguna lista REGULAR ni ANTIGUA ni generalmente ACEPTADA.

Los más radicales dudan de la validez de las listas de Landmarks, considerándolas una invención romántica americana de la segunda mitad del siglo XIX, y accesorias en masonería. Lo único que reconocen como antiguos, inalterables y universales son los secretos y los ritos. El mismo Pound reconoce que estos argumentos tienen gran peso. Pero, contra esta tesis, se puede argumentar que:

Aunque los Landmarks no se llamasen así en la masonería operativa, algunos existían como principios fundamentales desde tiempos inmemoriales.

 Otros hermanos defienden que todas las listas regulares vienen a decir lo mismo, aunque a la vista de la gran diversidad de listas y de Landmarks, con la definición de Mackey, este argumento es difícil de defender. Aunque sí es cierto que hay muchos Landmarks que se repiten en muchas listas con redacción parecida.

 

MIS CONCLUSIONES

 Mi primera conclusión es que hay que aceptar que el tema no está claro y que no-solo hay tres opiniones sino muchas más. Por lo que es tan regular creer que una determinada lista es la auténtica como todo lo contrario. Es una insensatez considerar a los escépticos como herejes contagiados por la irregularidad cuando esta corriente ha sido respetada por la masonería regular desde hace más de ochenta años.

Por otro lado, aunque a simple vista parece que las tres tesis parecen irreconciliables esto no es así en absoluto, ya que el debate está en las formas de racionalizar la experiencia masónica y quizás esta experiencia en sí no sea tan distinta para unos y para otros. Además, casi todos ritos permiten la coexistencia armónica de las tres corrientes de opinión siempre que seamos tolerantes, esto es:

 Que los filosófico-religiosos (crean o no en dogmas infalibles) no intenten imponérselos a los demás, que respeten el derecho a discrepar sobre este tema y que estén sujetos al derecho masónico en toda su extensión. Sin dogmas impuestos no hay herejes ni inquisidores. Los términos integrismo y masonería son antagónicos.

 Que los legalistas pongan a las personas por encima de las normas siempre que se refieran a los Landmarks. La poca definición del término permite la arbitrariedad en su aplicación si son tomados literalmente como leyes. En mi opinión, no es lícito utilizar la palabra Landmark para juzgar a nadie, con las constituciones y los reglamentos basta.

 Que los escépticos respeten las constituciones y el carácter deísta, sagrado, trascendente e iniciático de la masonería. Respetando el derecho de otros hermanos a pensar que los Landmarks son dogmas revelados.

 En mi opinión el hecho de que haya muchas listas no significa que no existan límites. Los llamemos cómo los llamemos, algunos Landmarks existen desde siempre. Los tres Landmarks deístas están en todas las listas y el resto son al menos portadores de valores e información muy valiosa.

Yo creo que hay suficientes evidencias históricas para afirmar que las condiciones para que los candidatos puedan ser iniciados han variado poco desde los esenios, éstas normas se incorporaron al derecho canónico cristiano como condiciones para poder ser ordenado sacerdote (Orígenes fue declarado irregular ya en el siglo III al faltarle los testículos) Todos los concilios las refrendaron. Las reglas de regularidad de la Suma de Toledo de 1621 son casi idénticas a las condiciones para ser candidato en las Constituciones de Anderson. Y están en todas las listas: Un masón debe ser varón, no mutilado, libre, mayor de edad y de buena reputación.

Todas  las Grandes Logias regulares, defienden que la masonería no es una religión ni un sustituto de la misma. Nos cuesta pertenecer a algo sagrado sin dogmas, pero esto no es así en todas las culturas. Parafraseando a Touvia Goldstein: “¿Cómo es posible que esta Institución haya subsistido durante tanto tiempo como una concepción macro-conceptual tan diferente en sus enumeraciones prácticas? Hay cierta similitud con el problema difícil de resolver cuando se trata de definir quien es judío, quien está dentro de limites y quien no”.

Después de tanta definición yo me quedo con la del R.·.H.·.Xavier Sánchez de Amoraga que define  los Landmarks como aquellos mojones que delimitan una finca. Una de esas fincas que todos los del pueblo conocen. Hay unos pocos mojones claros, pero otros han sido borrados por el tiempo. Algunos reconocen seis o siete, los mas viejos mas de cuarenta aunque no están muy seguros. Pero, ¿es exactamente la misma finca para todos? Pues seguramente no, pero en el fondo da igual porque la finca está ahí.

 Montero, M.·. M.·.

Empezaremos por decir que la Masonería es una Orden Iniciática, Esotérica, Elitista y Caballeresca, lo que la confiere características propias que la distinguen de otras instituciones.

Pretende la evolución ética, moral y espiritual de sus miembros. Proclama al Gran Arquitecto del Universo como Principio Generador y como Símbolo Superior de su aspiración y construcción ética.

No prohíbe ni impone a sus miembros ninguna convicción o práctica religiosa.

El Grande Oriente Español, en su Constitución del año 1.934, declaraba:

La Francmasonería es un movimiento del espíritu, dentro del cual tienen cabida todas las tendencias y convicciones favorables al mejoramiento moral y material del género humano.

La Francmasonería no se hace órgano de ninguna tendencia política o social determinada. Su misión es la de estudiar desinteresadamente todos los problemas que conciernen a la vida de la humanidad para hacer su vida más fraternal.

La Francmasonería declara reconocer, por base de su trabajo, un principio superior e ideal, el cual es generalmente conocido por la denominación de Gran Arquitecto del Universo. No recomienda ni combate ninguna convicción religiosa, y añade que ni puede, ni debe, ni quiere poner límites, con afirmaciones dogmáticas sobre la Causa Suprema a las posibilidades de libre investigación de la verdad.

La Gran Logia de España, en el Preámbulo de su Constitución, vigente desde 1.999, dice:

La Francmasonería tiene su fundamento esencial en la fe en un Poder Supremo expresado bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo; sus principios se resumen en estas dos máximas: conócete y ama a tu prójimo como a ti mismo.

La Francmasonería es una asociación libre de hombres independientes, los cuales solo dependen de su conciencia y se dedican a poner en práctica un ideal de paz, amor y fraternidad.

Tiene como objetivo el perfeccionamiento moral de la humanidad y como medio de propagación de una  verdadera filantropía, con el empleo de costumbres y formas simbólicas.

Impone a todos sus miembros el respeto a las opiniones ajenas y les prohíbe toda discusión política o religiosa, a fin de constituir un centro permanente de unión fraternal. Los francmasones se reúnen en Logias con el fin de trabajar allí ritualmente, con celo y asiduidad, y solo admiten a hombres mayores de edad, creyentes, de buenas costumbres, gentes de honor, leales y dignos en todos los aspectos.

En las Logias se aprende a amar a la Patria, someterse a sus justas Leyes y respetar las Autoridades legítimamente constituidas; a considerar el trabajo como un deber esencial en el ser humano y en consecuencia, a honrarlo en todas sus formas.

Pero, más allá de conceptos que algunos podrían considerar poco concretos, la Masonería se constituye en una Orden que tiene como fin formar a sus miembros en el conocimiento y respeto de valores superiores basados en la verdad. Verdad que no se impone ni propone, sino a la que cada masón llega por el análisis y el conocimiento. La Masonería se constituye en una Orden que pretende la evolución ética, espiritual y moral de sus miembros y, a través de ellos y de su ejemplo individual y personal, la evolución ética, espiritual y moral de la humanidad.

La iniciación, única puerta de entrada a la Masonería, pretende abrir un proceso de cambios por los que el masón, dejando atrás cuanto le separa de su propio espíritu, adquiere conocimiento de su Ser interno y de su trascendencia; lo que le llevará a la búsqueda de la verdad. Mas la Masonería no impone ningún tipo de dogma o creencia. Propone, mediante símbolos y alegorías, más por la práctica de los Rituales, principios que deben ser analizados por el masón y, de su individual y personal análisis y comprensión, cada masón sacar las propias conclusiones. No quiere la Masonería aleccionar a sus adeptos, sino que cada masón llegue a la meta que para si mismo se fije, él, no otro. Quiere la Masonería que cada masón llegue a su verdad... a su propia e individual comprensión y conocimiento de la verdad. De ahí el sobrenombre de Librepensadores por el que son conocidos los masones.

Es la Masonería, pues, una Orden Iniciática. Por la iniciación y siguiendo el camino que solo ella abre a través de los diferentes grados en los que la Masonería escalona sus propuestas, es como el masón, rompiendo las cadenas que atan al hombre a lo animal, a lo puramente material, llega al conocimiento de su propio Ser interno y de su trascendencia. Es así como la Masonería, haciendo hombres mejores de hombres que ya eran buenos, libres y justos antes de ser iniciados, propicia que mediante el ejemplo de cada masón en su entorno familiar, social, laboral, etcétera, toda la humanidad en pleno evolucione positivamente.

La Masonería es esotérica en los términos precisos que define el Diccionario de la Lengua Española, editado por la Real Academia Española.

Es esotérica porque a su conocimiento solo se llega por la iniciación, quedando oculto, reservado, para los no iniciados.

Es esotérica porque su conocimiento es de difícil acceso, no se da, no se imparten clases, el conocimiento que lleva a la verdad se adquiere mediante el estudio y la reflexión.

Es esotérica porque al igual que los filósofos de la antigüedad no comunicaban sus doctrinas sino a un corto número de sus discípulos, la Masonería mantiene velados sus conocimientos y los principios que propone por símbolos y alegorías y, a las claves de los unos y de las otras, solo se llega por la iniciación y la práctica de los rituales mediante los que se desarrolla el trabajo en las Logias.

Es esotérica porque sus principios y conocimientos solo se transmiten oralmente a los iniciados.

Pero, por ser una Orden iniciática y esotérica, la Masonería rechaza y condena el mal llamado ocultismo y todo el fraude a ingenuos, todo el fraudulento montaje económico de las supuestas mancias adivinatorias. La Masonería rechaza y condena a las sectas, iglesias y creencias que privan a sus miembros del libre albedrío, de la libertad de análisis y decisión. Y, si la Masonería no apoya a ninguna religión concreta, menos aun puede apoyar a los llamados cultos satánicos, al satanismo, el cual condena radicalmente.

La Masonería es una Orden Elitista, por que en sus filas militan las elites intelectuales del mundo entero, los hombres más avanzados espiritual y moralmente, aquellos que creen firmemente que el paso del hombre sobre la tierra transciende al simple hecho material y temporal; en suma, de la parte que el hombre tiene de animal, para sublimarse en lo que tiene de espiritual.  Sin olvidar que elites son todos aquellos, sea cual fuere su posición social o económica, que dejando atrás las pequeñas miserias humanas y los comprensibles egoísmos individualistas, dedican un poco de su tiempo a su desarrollo intelectual, espiritual y moral, poniendo su persona al servicio de la humanidad.

La Masonería es una Orden Caballeresca, no en los aspectos que se desprenden de una lectura exotérica y simplista de las viejas novelas de caballería y mucho menos aun en el sentido clasista. Lo es tomando el simbolismo profundo, esotérico, de los ideales de Camelot, Arturo y la Tabla Redonda; la búsqueda del Santo Grial, cuyo bellísimo simbolismo esotérico puede ser el norte del buscador de la Luz. Lo es porque ideal de vida caballeresco es la entrega desinteresada a las causas nobles, al servicio a la humanidad.

Así, la Masonería, por su espíritu caballeresco pudo ser inspiradora de la Revolución Francesa, en cuanto fin del Viejo Régimen, pues no puede menos que condenar el terror que desencadenó. Como antes lo fue de la Americana, en la que los 56 revolucionarios, padres de la patria, mayoritariamente masones; entre ellos George Washington, de la Gran Logia de Virginia; Benjamín Franklin, de la Gran Logia de Pennsylvania; Thomas Jefferson, de la Gran Logia de Virginia; John Adams, de la Gran Logia de Massachussets; John Quincy Adams, de la Gran Logia de Virginia, luego 6º Presidente; William Whipple, de la Gran Logia de New Hampshire; Benjamín Harrison, de la Gran Logia de Virginia; John Penn, de la Gran Logia de Carolina del Norte; Abraham Clark, de la Gran Logia de Nueva Jersey...  etcétera, proclamaron en 1776 la libertad de las 13 colonias, con una Declaración de Independencia de la que, por ser Masonería pura, sería difícil destacar un párrafo concreto, pero de la que recordaremos, entre otros muchos párrafos de igual mérito y contenido masónico:

 "Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales, que están dotados por un Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se cuentan el derecho a la vida, a la libertad y al alcance de la felicidad; que, para asegurar estos derechos, los hombres instituyen gobiernos, derivando sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma de gobierno llega a ser destructora de estos fines, es un derecho del pueblo cambiarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno, basado en esos principios y organizando su autoridad en la forma que el pueblo estime como la más conveniente para obtener su seguridad y su felicidad."

La Masonería mantiene y perpetúa entre sus miembros el espíritu caballeresco que informó la obra de los enciclopedistas y más tarde la de los ilustrados del siglo XIX, casi todos ellos masones. El de filósofos y pensadores, miembros de la Masonería, como Montesquieu, Voltaire y Rousseau. El de artífices de la emancipación de Hispanoamérica, como, por ejemplo y entre otros muchos, los masones San Martín, Bolívar y Martí. El de los también miembros de la Orden, Cavur, Garibaldi y Mazzini, héroes de la independencia y unidad italiana. El de músicos masones como el austriaco Mozart y el español Tomas Bretón. Poetas como Goethe o Moratin. Escritores como el inglés Kipling, el francés Stendhal y el español Blasco Ibáñez. Científicos como los doctores Santiago Ramón y Cajal y Alexander Fleming. Cirujanos como el Dr. Cristian Barnard, artífice en 1967 del primer trasplante de corazón a un ser humano. Descubridores e inventores como los españoles Isaac Peral y Juan de la Cierva o el francés Luis Lumiere. Políticos y estadistas como Práxedes Mateo Sagasta, Salvador Allende, Winston Churchil,  Benjamín Franklin. Hombres ilustres como Baden Powel, fundador de movimiento escultista o el antiesclavista Schoelcher. Actores como el británico Peter Sellers. O los promotores de la Sociedad de Naciones, que soñaban acabar con las guerras. El mismo espíritu caballeresco de entrega desinteresada a las nobles causas que guió a los inspiradores de la Unión Europea, con Monet a la cabeza. O a los padres del Consejo de Europa, masones la gran mayoría de ellos. Finalmente, ya como anécdota, con el mismo espíritu de Neil Amstrong, masón y primer hombre que pisó la Luna, sobre cuya superficie depositó una escuadra y un compás en recuerdo de su gesta.

En definitiva, el espíritu de los cientos de miles, millones de hombres que, desde sus ideales caballerescos y masónicos, mantienen a sus expensas y en silencio, sin subvenciones de ningún Estado, hospitales, asilos, universidades y escuelas.

Si debiéramos resaltar algo del espíritu de la Masonería, muy probablemente nos inclinaríamos por la autentica y profunda fraternidad que une a todos los masones del mundo entero, muy especialmente, claro está, a los miembros de una misma Gran Logia y, mucho más aun, a los de una misma Logia. Pero aun siendo muy importante no es ese el fin primordial de la Masonería, pues para ese tipo de fines ya están muchas y prestigiosas instituciones profanas.

Mucho más allá de ese principio de fraternidad universal, de indudable importancia y valor humanístico, e incluso iniciático, principio de auténtica fraternidad que llevaría a tener la filantropía como uno de los medios de los que podría valerse para alcanzar los propósitos que la animan, la Masonería tiene fines que mantiene muy presentes, siendo la síntesis de todos ellos cambiar el mundo. Esa es la meta final que se propone alcanzar, ese es el fin que constituye el auténtico Ser y existir de la propia Masonería. Dicho así, sin circunloquios ni palabrería vana, que oculten la realidad.

Pero ese fin no tiene connotaciones que lo liguen a lo profano, a lo prosaico, a intereses materiales, a bajas pasiones y aspiraciones que, si pudiesen ser admisibles en el mundo profano, en ninguna forma pueden llegar a serlo, ni como medio, ni como fin, para la Masonería. Porque cuando un masón afirma que la Masonería pretende cambiar el mundo, se está refiriendo a que la Masonería trabaja para hacer evolucionar ética, espiritual y moralmente a la humanidad, a partir de los principios que constituyen su Ser y de los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad que defiende.

En los proclamados fines más en los métodos para alcanzarlos, es en lo que la Masonería se diferencia de otras meritísimas instituciones que también tienen como objetivo el desarrollo de la humanidad. El peculiar sistema de trabajo personal e individual que la caracteriza, muy alejado de la acción institucional sobre la sociedad, la marca e individualiza.

No siendo, como no lo son, fines de la Masonería participar en forma alguna en política, ni en negocios, ni en ninguna otra actividad profana, La Orden Masónica centra sus esfuerzos en llevar a los masones a las condiciones espirituales, éticas y morales que les permitan trabajar en pos de alcanzar los fines que sí le son propios a nuestra Orden. Para ello la Masonería pone a disposición de sus miembros todos los medios necesarios «de orden iniciático, esotérico y simbólico» para que –individualmente y por el trabajo personal que cada uno sea capaz de realizar en sí mismo, más en la intimidad de las Logias auxiliándose siempre los unos a los otros– puedan avanzar a través del sistema reglado y graduado que caracteriza a la Masonería, teniendo como meta final cambiar el mundo.

Una vez logrados estos significativos avances por el camino iniciático, será cada masón el que con su ejemplo personal e individual influirá en los entornos familiar, profesional y social al que pertenezca; trasmitiendo así a la sociedad profana –mediante el ejemplo de una vida ordenada, respetuosa con las leyes y con los derechos de los demás y entregada a ideales legítimos y nobles– las enseñanzas recibidas a través de los principios proclamados por la Masonería.

Mas, el profundo arcano de la Masonería no se revela efectivamente, si no a los que llegan a ser auténticos masones, a aquellos que siguen con perseverancia el camino iniciático y se entregan a la Masonería sin ningún tipo de reservas, y sin más ambiciones humanas que las legítimas de lograr convertirse en auténticos iniciados; es decir, en obreros iluminados al servicio de la Inteligencia Constructora del Universo, la cual debe de manifestarse en el masón como una verdadera Luz que alumbra, desde un punto de vista superior, todos sus pensamientos, palabras y acciones.

En alguna forma masón –lato sensu– se nace. Porque ser masón significa participar de una condición espiritual especial, inconfundible e intransmisible, que aflora tras la iniciación y la identificación del iniciado con su propio ser interno y, a través de él con el Trazado realizado para la Humanidad por el Gran Arquitecto del Universo.

La Masonería, como Institución ético jurídica, Alta Cátedra Moral desde la que emanan los grandes principios y formulaciones al servicio de la Humanidad, confiere las características visibles de masón a aquellos que ya eran, potencialmente, portadores del Espíritu Iniciático; proporcionándoles los medios necesarios para cultivar su intelecto y su espíritu, mediante el estudio de determinados símbolos y la practica consciente de los Rituales. Unos y otros encierran un profundo significado esotérico, que es la llave que abre las puertas del conocimiento y la clave para que cada masón logre profundizar en lo más profundo de su corazón.

Dicho esto, únicamente queda proclamar que solamente se es masón “stricto sensu” si se profesan los principios iniciáticos, se cultiva el esoterismo y, en lo que corresponda, el conocimiento exotérico; si se tiene firmemente asentado el sentido de la responsabilidad individual, como confirmación del Espíritu Caballeresco con el que el masón debe de desempeñar su misión en el mundo profano.

La Masonería Regular profesa inderogablemente el espiritualismo y rechaza el materialismo y el racionalismo ateo; por ello, la Luz de la Razón que informa el Ideal Masónico, se legitima al emanar del Conocimiento Iniciático. Así, repetimos, la Masonería es una Orden iniciática, esotérica y caballeresca y, por lo tanto, elitista.

Es por ello que a la hora de admitir nuevos miembros, la Masonería está muy atenta a que no se infiltren aquellos que, por su poca formación espiritual, moral, cultural o humanista, puedan significar un freno en el desarrollo individual o colectivo. También está obligada a tener en cuenta la situación social y económica de los posibles candidatos; los cuales, además de, y esto es condición sine qua non, disponer de medios para mantener dignamente a su familia, han de disponer también de unos pequeños medios materiales para contribuir al sostenimiento y crecimiento de la Orden y, aun les ha de sobrar alguna cantidad para obras filantrópicas, de acuerdo con los viejos principios. Sin que lo dicho signifique, en absoluto, que en los criterios de selección intervengan conceptos mercantilistas, tan alejados del pensamiento y actitud masónicas.

Pero no podemos dejar de tener presente a la hora de admitir nuevos miembros, que la primera obligación del Hombre es para sí y para con su familia, y que solo una vez que ha cubierto dignamente sus propias necesidades y las de los suyos, podría, legítimamente, pensar en entregarse a otras causas.

Por lo demás, las contribuciones que en forma de cuotas periódicas cada masón satisface a través de su Logia, por su importe no van más allá de una pequeña cantidad mensual fácilmente asumible por cualquier persona que disponga de un puesto de trabajo, en el que perciba un salario de tipo medio y, en todo caso, de cuantía nunca superior a la que se gasta habitualmente en tomar unas cervezas con los amigos.

En todo caso, no debemos olvidar que garantizados los mínimos admisibles, y sentado que es obligación de todos los masones atender al sostenimiento de la Orden, a la Masonería no le interesa el dinero ni la posición que puedan tener sus miembros o aspirantes a serlo. Solo le interesan las cualidades humanas y la voluntad de crecer espiritual, ética y moralmente a través del camino iniciático.  

Si tras lo dicho cualquier posible lector de estas líneas desea saber algo más sobre la Masonería, no dude en escribirnos, con mucho gusto le atenderemos.